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Foto: Diputación de Cádiz

 

El desastre nuclear de Chernóbil no es cosa del pasado. Sus consecuencias siguen presentes y además son devastadoras. Desde aquel trágico 26 de abril de 1986 sólo en Bielorrusia y Ucrania se han producido más de 200.000 muertes que se relacionan directamente con el accidente en la central nuclear. El incremento de todos los tipos de cáncer en Bielorrusia se calcula en un 40%. En total, se habla de 45.260 kilómetros cuadrados de suelo contaminado.

Todo lo que comen y beben los habitantes de las zonas cercanas a la hoy ciudad fantasma de Chernóbil conserva restos del desastre. Es por eso que los programas solidarios mediante los que muchos niños y niñas bielorrusos pasan sus vacaciones de verano con familias de acogida, alejados de los altos niveles de contaminación con los que viven diariamente y que merman de forma considerable su calidad de vida, son fundamentales para ellos.

Un ejemplo de esta acción humanitaria se da cada verano en la provincia de Cádiz. La Cofradía de la Vera-Cruz, la Comunidad Parroquial de San Lorenzo y la Asociación Aguaores Blancos de la capital ponen en marcha –y ya van quince años- el Programa de Acogida y Saneamiento de los niños y niñas de Bielorrusia. La Diputación Provincial contribuye al desarrollo de este programa desde el año 2004, con una colaboración económica que sirve para sufragar desplazamientos, seguros o actividades de los pequeños.

Este lunes, una representación de estos menores que pasan su verano en Cádiz ha visitado el Palacio Provincial, donde han sido recibidos por el vicepresidente primero de la Institución, Juan Carlos Ruiz Boix. El diputado ha recordado que la colaboración con este colectivo se lleva a cabo desde el Servicio de Cooperación Internacional, que “ha duplicado las ayudas concedidas desde que el actual gobierno llegara a la Diputación hace poco más de un año”.

El vicepresidente primero de la Diputación ha entregado un obsequio a la veintena de menores que han participado en la visita al Palacio Provincial y ha agradecido especialmente la labor solidaria que realizan las familias de acogida, también presentes en el acto.

En total, este año han llegado a la provincia más de 20 niños, niñas y monitores gracias a este programa solidario. Su objetivo es que puedan disfrutar de un periodo vacacional alejado de la cruda realidad de su país, un tiempo en el que se les da cobijo, alimentación adecuada y atención sanitaria en el seno de una familia de acogida. Mayoritariamente viven en la capital gaditana, aunque también hay algunas en Rota y Jerez.

La Diputación de Cádiz renueva año tras año su compromiso con el programa de acogida desde el convencimiento de que “las administraciones públicas tienen la obligación de dar respuesta y apoyar a estos menores, contribuyendo a que el periodo estival sea para ellos un tiempo para recuperarse y mejorar sus condiciones físicas y sanitarias”, concluyó Ruiz Boix.

 


 

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