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Investigadores de la Universidad de Cádiz han publicado recientemente un estudio, en la revista científica internacional Journal of Environmental Management, sobre la adaptación de las praderas marinas a los cambios graduales de disponibilidad de luz. Un trabajo que se ha realizado desde la observación de las poblaciones de la fanerógama marina Cymodocea nodosa en la zona intermareal y submareal de la Bahía de Cádiz a lo largo de una década. Sus resultados conforman la base de datos estacional más extensa disponible en la literatura para esta especie y demuestran la disponibilidad para la resistencia de estas plantas a largo plazo en la costa gaditana.

Las fanerógamas marinas son plantas con hojas, tallos, raíces y flores adaptadas a vivir permanentemente sumergidas en agua de mar. “Estas impresionantes praderas marinas son responsables de una gran parte del enterramiento de carbono marino. No obstante, se encuentran fuertemente amenazadas por la presión antropogénica (acción humana) en la zona costera y el cambio climático, especialmente por el aumento del nivel del mar”, en palabras de la profesora de Biología de la UCA e investigadora responsable del artículo, Gloria Peralta.

Para el año 2100 se espera un aumento del nivel del mar de entre 0.26–0.82 m, lo que va a suponer sobre todo una disminución importante en la disponibilidad de luz que llega al suelo marino: “la supervivencia de las praderas de fanerógamas marinas va a depender de su capacidad para adaptarse a este cambio”. El objetivo de este trabajo ha sido precisamente entender los mecanismos de adaptación de esta especie a cambios graduales en la disponibilidad de luz. Se aborda a través del estudio de las poblaciones de Cymodocea nodosa a diferentes profundidades de forma estacional durante 10 años.

El seguimiento de estas praderas incluye a poblaciones distribuidas a 0.4, -0.08 y -0.5 m. Los resultados muestran que esta planta acuática tiene “una fuerte estacionalidad tanto para características demográficas (más biomasa y densidad de hojas en verano que en invierno) como para características dinámicas (mayores tasas foliares de aparición, crecimiento y mortalidad en verano que en invierno)”. De esta forma, las praderas tienen hojas más largas y con más crecimiento en verano cuando hay alta temperatura que en invierno, pero también mayor pérdida foliar. Además, el tamaño de las hojas también es diferente según la profundidad, con hojas pequeñas y muy numerosas en zonas intermareales (0.4 m) y grandes pero poco numerosas en zonas submareales (-0.08 y -0.5 m). Estas diferencias en tamaño, crecimiento y mortalidad, combinadas con las diferencias en densidad de hojas, explican la falta de diferencias en balance de producción entre las praderas de profundidades más extremas (0.4 vs -0.5 m), confirmando así los mecanismos para sobrevivir de estas praderas en la Bahía de Cádiz.

El presente estudio contribuye “a entender los cambios esperables en un escenario de cambio climático en ecosistemas costeros tan importantes como las fanerógamas marinas y resalta la necesidad de disponer de bases de datos largas para poder evaluar la trayectoria de las praderas aún existentes”, concluye la investigadora principal.

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