La comunidad parroquial de San José se dispone a celebrar, a partir de mañana martes 21 de junio, el Triduo Eucarístico que culminará con la celebración del Corpus Parroquial en la tarde del jueves 23 de junio y que recorrerá las calles de la feligresía. 

El Triduo comenzará a las 19,00 h. con la Exposición de SDM, rezo del Santo Rosario, Bendición y Reserva, continuando con la celebración de la Eucaristía a las 19,30 h.  La celebración de este Triduo dedicado a SDM, irá acompañado de una serie de actos formativos que pretenden a ayudar a la comunidad parroquial a profundizar en el sentido del Sacramento de la Eucaristía y propiciar la devoción de la Adoración Eucarística de los fieles. 

El jueves 23, tras la celebración de la jornada de Adoración Eucarística, que se prolongará durante toda la jornada desde las 10,00 h hasta las 19,00  h.; A las 18,30 h se celebrará la Solemne Eucaristía con la posterior procesión con SDM que recorrerá las calles de la feligresía siguiendo el siguiente itinerario: Plaza de San José, Poeta Nieto, Adriano, Avda de Portugal (Dcha,), García Carrera, Escalzo, María Auxiliadora, Poeta Nieto y Plaza de San José. 

 

PROCESIÓN DE CORPUS PARROQUIAL:

Junto a los fieles de la comunidad parroquial, y de los distintos grupos, movimientos y Hermandades de la feligresía  que acompañarán el paso de SDM;  el cortejo contará con la participación de la Reliquia de Santa Teresa de Jesús que celebra los 400 años de su Canonización por el Papa Gregorio XV (regalo de la Comunidad de Hermanas Carmelitas de Cádiz con motivo de la Coronación Canónica de San José en el Año Jubilar Josefino que esta comunidad parroquial celebró en el año 2019/20220), con la imagen de Santa Ángela de la Cruz que será portada en parihuela, y de la imagen de María Santísima del Amparo, Titular Mariana de la Hermandad Sacramental de Jesús de la Paz, que en este próximo año se celebrará el 75 Aniversario de su bendición y que será también portada en parihuela. 

El acompañamiento musical de la Custodia estará a cargo de la Capilla Musical “San Pablo” de Cádiz que interpretarán piezas eucarísticas. Igualmente la imagen de María Santísima del Amparo irá acompañada por la Capilla Musical de la Banda de la Hermandad del Nazareno de San Fernando que también interpretará marchas eucarísticas. 

LA IMAGEN DE MARÍA

La Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo forma parte de las grande Solemnidades del Tiempo Ordinario del año litúrgico, y nos evoca a la gran celebración del Triduo Pascual donde conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, quien en la víspera de su Pasión Redentora instituye este Sacramento donde permanece Realmente presente para siempre con nosotros y actualiza el Misterio Redentor y Salvador que nos anticipa nuestra participación en el Banquete del Cielo y donde se realiza el mismo sacrificio del Viernes Santo de forma incruenta. Es por ello que el Sacramento de la Eucaristía tiene esta doble dimensión: Sacrificio y Banquete de Vida Eterna. 

Cada Domingo, y en cada celebración de la Eucaristía,  participamos del Sacrificio de Cristo en la Cruz y de su Victoria de sobre la Muerte. En la especie de Pan Consagrado, nos encontramos con el mismo Jesús que se sigue entregando por entero como la tarde del Viernes Santo y que se derrama para ser alimento y salvación de todos nosotros hoy, y a su vez, nos encontramos con el Jesucristo Vivo, Glorificado, que ha vencido a la Muerte y nos hace partícipes de su vida inmortal. Por eso cada celebración de la Eucaristía podríamos decir en términos coloquial que es tarde de Viernes Santo y a su vez eco del gran anuncio del alba que sorprendió a las mujeres que iban al sepulcro de la gran noticia de la Resurrección del Viviente.

La presencia de la Virgen María en la procesión del Corpus se justifica pues, no sólo porque María es la mujer creyente y la primera discípula de Jesucristo, sino que es  la primera que participa junto con su Hijo en el Gozo de la Resurrección pues es Asunta al Cielo en Cuerpo y Alma. La Virgen María es la mujer que permanece al pie de la Cruz, como dolorosa en la tarde del Viernes Santo, que acoge en su regazo el cuerpo muerto de su Hijo y que participa junto con las mujeres del Gozoso Anuncio de la Resurrección y participa ya de los Gozos del Cielo. María participa pues de la misma dimensión de la Eucaristía: Sacrificio-Banquete del Cielo, es decir, participa del Misterio del Sacrificio de Cristo como Madre al Pie de la Cruz en la tarde del Viernes Santo y participa del Banquete Celestial de la Vida Eterna. 

A María además,  se le apela con el título del primer sagrario que acogió a Cristo. Un sagrario moldeado por las manos de Dios en la pequeña aldea de Nazaret. Un sagrario delicado y hermoso cuya misión no era otra que custodiar a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Un sagrario impoluto, siempre limpio y puro, para proteger al Dios hecho hombre. ¿Quién mejor que la Virgen para aumentar en nuestro corazón el anhelo de vivir en comunión con Jesús?

María, sagrario del Dios vivo, aumenta en nosotros el fervor eucarístico Es un gozo tener a María como Madre pero Ella, que se adueña del corazón de cada uno de sus hijos, que durante nueve meses fue un sagrario viviente del Hombre Dios, es la que nos ayuda a vivir en continuo diálogo con Jesús y con el Padre, a amar la Misa y vivir intensamente la comunión. Ella es la que nos  enseña a decir a Dios, desde la interioridad del corazón: ¡Hágase en mi según tu Palabra!

Por tanto, el mismo cuerpo que recibimos en la Comunión es la misma carne que le dio María para que Jesús se encarnara y se hiciese hombre. Gustemos, valoremos, disfrutemos en la Comunión no sólo el Cuerpo de Cristo sino ese cuerpo que María le dio. Por tanto, tiene todo el encanto, el sabor, la pureza del cuerpo de María. Pero bajo las apariencias del pan y vino. ¡Es la fe, nuestra fe, que ve más allá de ese pan!

María llevó toda su vida una vida eucaristizada, es decir, vivía en continua acción de gracias a Dios por haber sido elegida para ser la Madre de Dios, vivía intercediendo por nosotros, los hijos de Eva, que vivíamos en el exilio, esperando la venida del Mesías y la liberación verdadera. Y como dijo el papa en su encíclica sobre la eucaristía, María es mujer eucaristizada porque vivió la actitudes de toda eucaristía: es mujer de fe, es mujer sacrificada y su presencia reconforta. ¿No es la eucaristía misterio de fe, sacrificio y presencia?

Vivía en continuo sufrimiento, Getsemaní y Calvario. También Ella, como Jesús, fue triturada, como el grano de trigo y como la uva pisoteada, de donde brotará ese pan que se hará Cuerpo de Jesús que nos alimentará y ese mosto que será bebida de salvación. La eucaristía que vivía María era misteriosa, espiritual, pero real. Su vida fue marcada por la entrega a su Hijo y a los hombres.

Por lo tanto, Cristo en la eucaristía es sacrificio, alimento, presencia, y María en la eucaristía experimenta:

El sacrificio de su Hijo una vez más, pues cada misa es vivir el Calvario, y María estuvo al pie del Calvario.

En la eucaristía María nos vuelve a dar a su Hijo para alimentarnos.

En la eucaristía, junto al Corazón de su Hijo, palpita el corazón de la Madre. Por tanto en cada misa experimentamos la presencia de Cristo y de María.

No es ciertamente la presencia de María en la eucaristía una presencia como la de Cristo, real, sustancial. Es más bien una presencia espiritual que sentimos en el alma. Es María quien nos ofrece el Cuerpo de su Hijo, pues en cada misa nace, muere y resucita su Hijo por la salvación de los hombres y la glorificación de su Padre.

Los apelativos con los que nos referimos a María: Amparo, Rocío, Dolores, Angustia, Carmen, Rosario, etc no son más que atributos de las virtudes que vivió María como Madre de Dios, discípula de Cristo, mujer creyente, o hacen referencia a la familia religiosa que la adopta como madre de la misma. Las distinciones que realizamos entre una Virgen Dolorosa o Virgen de Gloria, no son más que diferenciaciones que realizamos por el singular momento que representa el título que se la atribuye.

Es Costumbre tradicional que en la procesión del Corpus le acompañe también la imagen de la Virgen, (normalmente al ser celebraciones de toda la ciudad recae esta designación en la imagen de la Patrona de la ciudad que suelen ser imágenes a las que denominamos coloquialmente de “gloria” pues suelen ser pertenecientes a una familia religiosa o con un título atribuido a una advocación de las letanías lauretanas que no nos evocan a momentos dolorosos), por este motivo,  estamos acostumbrados a asimilar la presencia de una imagen mariana  coloquialmente de “gloria” en la procesión del Corpus, pero como he indicado anteriormente su presencia en la procesión no es por el momento en que representa en el título que se le atribuye, sino por quién es Madre de Cristo, primer Sagrario de la Humanidad redimida, Corredentora ya que participa de la Pasión, Muerte y Resurrección del Hijo.  Ya he indicado que la celebración de esta Solemnidad no es una celebración Pascual, no está dentro del ciclo pascual, sino que está situada en el calendario litúrgico dentro de las Solemnidades del Tiempo Ordinario y que nos evoca al Misterio Central de la Fe: Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo que es el memorial de toda Eucaristía. 

Por tanto, por concluir esta amplia argumentación, podríamos decir que es la misma imagen de María que podríamos ver acompañando a cualquier Crucificado o representación de Jesús en la Pasión, Muerte y Resurrección  en Semana Santa, quien acompaña también a Jesús Sacramentado, pues la Eucaristía es tarde Viernes Santo (Sacrificio Incruento) titular “dolorosa” que decimos coloquialmente  y Banquete Pascual “titular gloriosa que decimos coloquialmente. No nos ha de extrañar pues que sea una dolorosa quien acompañe a Jesús Sacramento aunque no sea usual ya que como he comentado al ser procesiones de la ciudad suele recaer este acompañamiento en las Patronas de las ciudades. No podemos caer en la tentación de hacer diferenciaciones de la misma figura de María pues la veneramos por quién es y por el papel fundamental que juega en el Plan de Salvación de Dios. María es la mujer creyente, primera discípula, que participa del momento de la Pasión y del momento de la Resurrección y que nos invita a amar y custodiar a la Eucaristía con devoción fervorosa como ella primer sagrario de la nueva humanidad redimida en Cristo.

RELIQUIIA DE LOS SANTOS

Los Santos son esa multitud innumerable de hombres y mujeres, de toda raza, edad y condición, que se desvivieron por los demás, que vencieron el egoísmo, que perdonaron siempre. Santos son los que han hecho de su vida una epifanía de los valores trascendentes; por eso quienes buscan a Dios lo encuentran con facilidad humanizado en los santos.

La santidad es la vocación natural de la vida del cristiano, Santidad es tener conciencia efectiva de ser hijo de Dios. Este sentido de filiación debe ser acrecentado a través de la purificación interior y así alcanzar la meta plena de nuestra conformación con Dios. Santidad es pluralidad. Cada uno debe seguir a Cristo desde su propia circunstancia y talante; desde su nación, raza y lengua, en los días felices y cuando la tribulación arranca lágrimas del corazón; en la soledad del claustro o en el vértigo de la ciudad; en la buena y en la mala salud.

Alcanzar la santidad es descubrir el espíritu de alabanza y paz que debe animar toda la existencia. Buscar lo bueno siempre, responder con generosidad y fidelidad a cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Santo es sinónimo de bienaventurado, dichoso, feliz. La santidad es el don de Dios que colma todas las aspiraciones humanas; es la plenitud de la vida cristiana que consiste en unirse a Cristo, aprendiendo a vivir como hijos de Dios con la gracia del Espíritu Santo y viviendo la perfección de la caridad. “La santidad, la plenitud de la vida cristiana consiste en unirse a Cristo, en vivir sus misterios, en hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos.

Todos los santos, sin excepción, han centrado su vida en Cristo vivo, presente en la Eucaristía. Su fe en la presencia real era tan fuerte que se pasaban horas y horas, acompañando, amando, adorando a Jesús sacramentado. La vida de los santos también en sus enseñanzas nos han legado en sus escritos como maestros espirituales una gran devoción a la Eucaristía. 

La participación de los santos, bien representado en imágenes, o bien en reliquias, nos estimulan a redescubrir en ellos la imagen de nuestra verdadera vocación a la santidad que es la llamada de vida que Dios nos propone. Son los que han recorrido ya la vida, nos han precedido en la fe, y gozan junto a María de la presencia del Viviente, de la Vida Eterna. Ellos nos recuerda el camino que hemos de recorrer y cuál es nuestra meta: El cielo del que la Eucaristía es ya un anticipo de ese Banquete preparado para los hijos de Dios.

Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, y cuya reliquias nos acompañará en nuestra procesión es una fervorosa devota de la Eucaristía  y  tiene también una vida espiritual muy centrada en el Santísimo Sacramento. Ella, que tenía especial devoción a la fiesta del Corpus (Vida 30,11),.

Confiesa con frecuencia su asombro enamorado ante la Majestad infinita de Dios, hecha presente en la humildad indecible de una pequeña hostia: «y muchas veces quiere el Señor que le vea en la Hostia» (38,19). «Harta misericordia nos hace a todos, que quiere entienda [el alma] que es Él el que está en el Santísimo Sacramento» (Camino Perfección Esc. 61,10).

La Eucaristía, tanto para el alma como para el cuerpo, es el pan y la medicina de Teresa: «¿pensáis que no es mantenimiento aun para estos cuerpos este santísimo Manjar, y gran medicina aun para los males corporales? Yo sé que lo es» (Camino Perfección Vall. 34,7; cf. sobre el pan nuestro de cada día: 33-34).

Ella se conmueve ante la palabra inefable del Cantar de los Cantares, «bésame con beso de tu boca» (1,1): «¡Oh Señor mío y Dios mío, y qué palabra ésta, para que la diga un gusano de su Criador!». Pero la ve cumplida asombrosamente en la Eucaristía: «¿Qué nos espanta? ¿No es de admirar más la obra? ¿No nos llegamos al Santísimo Sacramento?» (Conceptos del Amor de Dios 1,10). La comunión eucarística es un abrazo inmenso que nos da el Señor. 

Para santa Teresa, fundar un Carmelo es ante todo encender la llama de un nuevo Sagrario. Esto es lo que más le conforta en sus abrumadores trabajos de fundadora:

«para mí es grandísimo consuelo ver una iglesia más adonde haya Santísimo Sacramento» (Fundaciones 3,10). «Nunca dejé fundación por miedo de trabajo, considerando que en aquella casa se había de alabar al Señor y haber Santísimo Sacramento… No lo advertimos estar Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, como está, en el Santísimo Sacramento en muchas partes, grande consuelo nos había de ser» (18,5). Hecha la fundación, la inauguración del Sagrario es su máximo premio y gozo: «fue para mí como estar en una gloria ver poner el Santísimo Sacramento» (36,6).

El Sacramento de Eucaristía, es el Sacramento del Amor, participar en ella nos invita a mantener una vida de entrega y servicio hacia nuestros hermanos más necesitados. El día de la Solemnidad del Corpus celebramos el día nacional de la Caridad. La presencia de la imagen de Santa Ángela de la Cruz, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, nos estimula a mantener una vida de servicio y entrega a los más pobres como ella encarnó en su vida particularmente con los enfermos. La adoración y devoción a la Eucaristía que viven diariamente estas Hermanas de la Cruz,  les lleva a tomar abnegadamente la Cruz de cada día y seguir a Cristo con alegría en la entrega a los enfermos. Su presencia en la Procesión del Corpus Parroquial, nos estimula a seguir sus huellas de amor y atención a los pobres de nuestra comunidad parroquial, que nace y hunde sus raíces en la Eucaristía.

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