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Desde este pasado domingo y hasta el próximo mes de agosto María Santísima de las Penas, de la Archicofradía de La Palma, lucirá la tiara de flores realizada por el artista José Carlos Hernández y donada por un devoto de la Virgen.

La misma, a descripción de su autor, está realizada a base de rosas mini, nardos, hortensias, mini estrellas de mar naturales, ruscus dorado, pistilos y mini racimos de uva de porcelana fría y esferas de cristal fascetado rosa.

Las flores siempre han sido un excelente medio de comunicación no verbal y en este caso no iba a ser menos, cada elemento elegido en esta diadema tiene un fuerte significado, las rosas estas flores constituyen desde la Edad Media el símbolo de la feminidad, estrechamente ligado a la figura de la Virgen, destacando particularmente el «Milagro de las rosas» así como el vínculo de esta flor con la Virgen de Guadalupe. En el siglo V la rosa ya era considerada un signo metafórico de María, siendo Edulio Caelio el primero en llamarla «rosa entre espinas». En el siglo IX, el monje Teofanes Graptos empleó igualmente la rosa para referirse a la pureza de la Virgen y a la fragancia de su gracia. El Nardo, sin duda es de las flores favoritas entre los cofrades cofrades, siendo muy usada por las hermandades en los exornos de las diferentes imágenes marianas. Su color, que simboliza la pureza de la Virgen María, y su intenso y agradable olor sirve como ofrenda a la Santísima Virgen, su corto espacio de cultivo la hace aún más especial, ya que sólo se puede producir entre el mes de julio y principios de octubre, meses en los que en Cádiz festeja a dos de sus mayores devociones, en julio a la Virgen del Carmen y en octubre a la Virgen del Rosario, Patrona de la Ciudad. La Hortensia simboliza gratitud, gracia, belleza y abundancia (debido a la cantidad exuberante de flores y su forma redonda tan generosa). También La simboliza al capricho. María supo renunciar a un modo de vida para que se cumpliera todo lo profetizado. Dejar esta flor a los pies de Santa María es ser conscientes de que la fe nos exige pequeños esfuerzos personales y comunitarios.

San Bernardo ya se refería a la Virgen como la estrella con su oracion “Mira a la Estrella, invoca a María” en este caso además son estrellas de mar, en la oscuridad de la noche, los navegantes por siglos confiaban en las estrellas para orientarse hacia el puerto seguro. La Virgen es la estrella de la evangelización que nos lleva a Cristo, puerto seguro.

El libro de Reyes, 18, 45- 51, describe una pequeña nube que, elevándose sobre el mar, anunció a Elías mientras oraba en el monte Carmelo, la venida de la lluvia. Esta era una gran noticia pues anunciaba el fin de la grave sequía. La Virgen es como esa nube, signo del fin de la sequía. Jesús es la fuente que nos sacia la sed de Dios. Con estas estrellas de mar además de lo ya mencionado quiero representar la protección de la Virgen de la Palma, titular letifica de esta Cofradía, y a su barrio de la Viña por su maternal protección ante el maremoto de 1755, donde Cádiz podría haber desaparecido bajo el agua. El Cristal tenía que aparecer en la diadema ya que representa a las palabras de los Padres de la Iglesia del hecho de la permanencia de la virginidad corporal de María, antes durante y después del parto, a la manera como un rayo de luz atraviesa un cristal sin romperlo ni mancharlo, nació nuestro Señor Jesucristo, permaneciendo virgen su Madre. Los colores elegidos el rosa y el blanco que junto con el manto azul procesional se convierten en los colores que el arte siempre ha vinculado a la Inmaculada Concepción, el dorado del ruscus y de los racimos de uva recuerdan a la gloria de Dios y a la corona de oro que muy pronto ceñirá las sienes de la Stma Virgen de las Penas.

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