La Catedral de Cádiz celebró el lunes 14 de septiembre de 2026 la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, titular de la seo gaditana, con una ceremonia en el Coro presidida por el administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Ramón Valdivia, y concelebrada por miembros del Cabildo. Durante toda la jornada permanecieron encendidas doce velas en recuerdo de las doce cruces situadas en los lugares donde la Catedral fue ungida con el Santo Crisma en 1838 por el entonces obispo Fray Domingo de Silos Moreno.
La Exaltación de la Santa Cruz mantiene una tradición litúrgica cuyos orígenes se remontan al siglo V en Jerusalén. Según las crónicas recogidas por la diócesis, Santa Elena habría encontrado la Santa Cruz el 14 de septiembre del año 320 y, quince años después, el 14 de septiembre de 335, fue bendecida y dedicada la basílica de la Santa Resurrección, también conocida como Santo Sepulcro. La festividad mantiene además una vinculación histórica con Cádiz: el 14 de septiembre de 1262, Alfonso X el Sabio entró en la ciudad, que quedó incorporada nuevamente a la cristiandad, y ordenó construir una iglesia dedicada a la Santa Cruz. Posteriormente, el papa Urbano IV elevó el templo a Catedral al trasladar la sede episcopal de Medina Sidonia a Cádiz.
Durante la homilía, Ramón Valdivia destacó el significado de la jornada para la diócesis y definió la Catedral como su iglesia madre. Invitó a reflexionar sobre el “misterio de comunión” de la Iglesia diocesana y diferenció esta festividad del Viernes Santo: mientras este último contempla la Pasión y entrega de Cristo, la Exaltación presenta la Cruz también desde la victoria y la gloria. “Dios ha vencido en el árbol de la Cruz”, afirmó, antes de recordar las palabras de san Pablo sobre el “escándalo de la Cruz” y señalar que para quienes la contemplan y abrazan “es fuerza de Dios y sabiduría de Dios”.
Valdivia relacionó también la Cruz con el dolor y el sufrimiento presentes en la sociedad y defendió que la Iglesia encuentra en ella un espacio desde el que afrontar la contradicción entre la condición humana herida por el pecado y la esperanza de la salvación. Añadió que la Cruz no debe contemplarse únicamente como expiación, sino desde la Resurrección y la misericordia de Cristo: “Hoy la Iglesia no mira simplemente o besa el árbol de la Cruz como una expiación de nuestros pecados, sino que los abre a una luz nueva, la luz misericordiosa que habla de la gloria de Cristo”.
La celebración reservó además un recuerdo especial para Ceuta, la otra ciudad que forma parte de la diócesis y que cuenta con Catedral propia. Ante las dificultades y retos que atraviesa la ciudad autónoma, Valdivia expresó la solidaridad de la diócesis y, frente a las situaciones de tensión y polarización, llamó a mirar “al Señor crucificado y glorioso, que redime, que salva, que tiende su mano al pobre y que también defiende a los hijos de Abraham”. La ceremonia terminó con la veneración por parte de los asistentes de la reliquia del Lignum Crucis.
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