El aroma a romero volvió este domingo a las calles de Cádiz durante el Corpus Christi y, para muchos vecinos, fue uno de esos detalles capaces de transportar la memoria varias décadas atrás. Más allá de la solemnidad de la procesión, de los altares o de las alfombras de sal, fueron las ramas de romero las que despertaron una sensación especial en quienes recuerdan cuando esta imagen formaba parte habitual de una de las fiestas más antiguas y queridas de la ciudad.
Si en los últimos años las calles se perfumaban con romero y tomillo picado esparcidos sobre el recorrido, este año se recuperó además una estampa que parecía reservada a los recuerdos de generaciones anteriores. En el tramo comprendido entre la Plaza de San Agustín y la Plaza de San Juan de Dios, respetando las alfombras de sal instaladas para la ocasión, las calles volvieron a cubrirse con ramas de romero como antaño sucedía. Bajo el intenso sol de junio, el aroma se extendía por el recorrido y acompañaba el paso de la Custodia, devolviendo al Corpus una de esas señas de identidad que durante años habían quedado relegadas al recuerdo de muchos gaditanos.
Porque el Corpus de Cádiz no solo se contempla; también se escucha, se siente y se recuerda a través de pequeños gestos que forman parte de su personalidad. El regreso de las ramas de romero fue una muestra más de esa recuperación que vive la celebración en los últimos años. Y aunque pueda parecer un detalle menor, bastó recorrer aquellas calles para comprobar que algunas tradiciones nunca llegan a perderse del todo en una ciudad que sigue sintiendo como propias sus fiestas más auténticas.
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