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El Corpus Christi volvió a recorrer este domingo las calles del casco histórico de Cádiz en una edición que dejó la sensación de que una de las celebraciones más antiguas y representativas de la ciudad continúa recuperando presencia, tradición y protagonismo. Miles de personas acompañaron una jornada marcada por el calor, el ambiente festivo, el cuidado exorno de las calles y la recuperación de elementos históricos que durante años habían ido perdiendo visibilidad.

La procesión partió de la Santa Iglesia Catedral tras el Solemne Pontifical y recorrió el itinerario tradicional por Compañía, Santiago, Plaza de Candelaria, Cardenal Zapata, Plaza de San Agustín, San Francisco, Nueva, Plaza de San Juan de Dios, Pelota y Plaza Catedral. El cortejo volvió a convertirse en una de las estampas más solemnes del calendario gaditano, integrando los pasos del Niño Jesús de los Sastres, el Beato Fray Diego José de Cádiz, los patronos San Servando y San Germán, la Patrona de la ciudad, Nuestra Señora del Rosario Coronada, y la majestuosa Custodia con Jesús Sacramentado, verdadero centro de la celebración.

Uno de los aspectos más destacados de esta edición fue el esfuerzo realizado para reforzar la presencia visual de la fiesta en las calles. La ciudad lució siete altares distribuidos por el recorrido procesional, uno más que en años anteriores gracias a la incorporación de la Archicofradía del Carmen. También se amplió la presencia de alfombras de sal, que además de la Plaza de San Juan de Dios llegaron a otros puntos como la calle Nueva y la Plaza de San Agustín. A ello se sumaron nuevos elementos decorativos impulsados por el Ayuntamiento, entre ellos los jarrones isabelinos restaurados y las pilastras ornamentales instaladas en distintos espacios del centro histórico.

Pero si hubo un detalle que muchos vecinos destacaron fue el regreso de sensaciones que parecían olvidadas. Varias calles del recorrido recuperaron las tradicionales ramas de romero, cuyo aroma acompañó el paso de la procesión durante buena parte de la mañana. El olor a romero volvió a mezclarse con el sonido de las bandas y el tránsito del cortejo, evocando imágenes y recuerdos de un Corpus que durante décadas formó parte de la identidad colectiva de la ciudad. Para muchos asistentes, fue uno de esos pequeños detalles capaces de marcar la diferencia y devolver a la celebración parte de su esencia tradicional.

La recuperación de los Seises constituyó otro de los momentos más simbólicos de la jornada. La Escolanía Micrologus, integrada por niños y niñas de entre 6 y 16 años procedentes de distintos centros educativos de Cádiz y su provincia, devolvió a la celebración una tradición desaparecida desde hacía décadas. Su presencia se sumó a una programación que durante varios días incluyó conciertos, traslados, cultos, exposiciones y actividades culturales. El resultado fue una edición que ha reforzado la percepción de que el Corpus Christi sigue ganando terreno en Cádiz, recuperando tradiciones históricas y acercándose cada vez más a la relevancia que esta festividad tuvo durante generaciones.

 


 

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