Miguel Ibarra / Antonio J. Candón

El colombiano Miguel Ángel Ibarra Marín, conocido por haber sido cesado de sus funciones como sacerdote el pasado 13 de diciembre, cuando era párroco en Medina Sidonia, ha vuelto a la localidad gaditana con el objetivo de defenderse, convocando una rueda de prensa el próximo lunes 11 de febrero, en el Hotel Restaurante 'La Vista' a las 11:00 horas en la localidad asidonense.

Miguel Ángel Ibarra explica que "allí les revelare todo lo relacionado con mi ordenación sacerdotal, incardinación y ejercicio ministerial hasta la sensación el pasado 13 de diciembre", que es cuando se ejecutó el decreto de la Archidiócesis de Santa Fe de Antioquía (Colombia) para apartarlo del sacerdocio.

Hace varias semanas, Miguel Ángel Ibarra remitía esta carta a PORTAL DE CÁDIZ:
 

La historia que pocos conocen 

Desde muy joven, hice amistad con Monseñor Trujillo Arango, arzobispo de Tunja en Colombia. Mis estudios en teología en la UPB los hice bajo su auspicio económico y moral.

En una carta donde le pido ingreso al seminario de Tunja, me responde que no, por la cantidad de sacerdotes que tiene la Arquidiocesis en ese momento, si embargo, me dice que seguiremos en contacto a ver qué se puede hacer.

Más adelante él me llama y me dice que nos encontremos en su casa en Manizales para hablar del tema. Yo viajo a Manizales y me propone siguir estudiando la teología no para la arquidiócesis, sino para una fraternidad sacerdotal que pensaba fundar llamada sacerdotes de la pasión.

El 4 de enero de 1998, efectivamente me ordena sacerdote en su capilla privada en presencia de dos personas más.

Poco tiempo después de haber sido ordenado, Monseñor Trujillo Arango deja la arquidiócesis por edad cumplida canónicamente (75 años), y se viene a su casa en Manizales.

Sé que fuimos tres los que Monseñor Augusto ordenó para la Fraternidad en fechas distintas. Se con certeza que uno era de Bogotá, y el otro, si mal no recuedo, del Valle del Cauca. Del sacerdote de Bogotá, tengo entendido que lo incardinaron en una diócesis de EE.UU., del otro compañero, no sé nada. 

Cuando monseñor se viene a su casa de Manizales, en varias ocasiones lo visité para hablar de mi caso en particular, pero él me decía que pidiera admisión vocacional en otras diócesis, (siendo sacerdote), porque ejercer el ministerio, no iba a ser fácil, justamente por no tener un Obispo en ejercicio.

Mi paso por Apartadó fue breve, por esa época ya estaba en proyecto la consolidación de la Fraternidad para la cual fui ordenado sacerdote. 

Como las cosas no se dieron, monseñor me autoriza hacer otros estudios y otras tareas laicales, es decir, no ejercí como sacerdote en ninguna parte. 

En el 2011, fui a donde Monseñor Orlando Antonio, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, quien hubiese sido mi profesor en Teología moral, le conté mi situación tal y cual se dieron los hechos, y se autoriza al padre Francisco Mejia, Vicario Judicial de Santa Rosa de Osos (en ese momento), para que realice el proceso canónico y legal, a partir de los documentos que me acompañaban, que ciertamente eran copias que me habían hecho llegar desde Villavicencio, el padre Óscar Danilo Cardozo, quién sería el superior de la fraternidad. El padre Mejía, después de un estudio jurídico - canónico, concluye que: consta con certeza que efectivamente, había sido ordenado sacerdote.

Era el padre Cardozo quien tenía las actas originales, pero desafortunadamente a este sacerdote lo asesinaron.

Con base en esos resultados periciales Monseñor Orlando Antonio (quien ya conocía el caso con detalles), me incardina en diciembre del 2011 en una ceremonia eucarística en Bello en presencia de otro obispo amigo. Allí me renovó las promesas sacerdotales entre otros ritos propios de una ceremonia de ésta índole. 

Las preguntas que surgen son las siguientes:

¿Por qué después de siete años de fecundo ministerio, se hecha atrás un proceso canónico realizado por un experto?

¿Quiénes están detrás de todo esto, y cuál es su objetivo?

¿Por qué no se evitó el escándalo en una época en donde la Iglesia ha perdido su credibilidad en tantos países, y pedirme explicación de algunos aspectos que no estuvieran claros?

Ha quedado muy mal la Iglesia y de paso injustamente, arruinaron mi vida, mi honradez, mi ministerio, mi credibilidad. ¿Dónde está la caridad cristiana que predicamos, si a uno de sus propios miembros le han sepultaron en vida, como al peor de los criminales?.

Miguel Ángel Ibarra Martín

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