Las intensas lluvias que han caído durante el primer trimestre de 2025 en Doñana han provocado una inundación excepcional de la marisma, uno de los ecosistemas más importantes de la provincia de Cádiz. Este fenómeno es el resultado de una combinación de factores como las lluvias tardías, el nivel elevado tanto del río Guadalquivir como del mar, y la influencia del dique de la Montaña del Río, que ha ralentizado el proceso de desagüe de la marisma. Actualmente, esta se encuentra a un 47% de su capacidad inundada, lo que tiene implicaciones tanto positivas como negativas para la biodiversidad del parque.
Por un lado, la persistencia de las inundaciones favorece la reproducción de las aves acuáticas y la regeneración de la vegetación característica de la marisma. Sin embargo, también plantea riesgos como la proliferación de especies invasoras, como el helecho acuático Azolla, o de especies de peces exóticos, así como la aparición de cianobacterias, cuyo impacto en la calidad del agua y en la biodiversidad local está siendo monitoreado de cerca. A pesar de estos retos, la inundación prolongada tiene el potencial de revitalizar el ecosistema acuático de Doñana.
Este ciclo hidrológico de 2024-2025 ha sido especialmente significativo, no tanto por la cantidad total de precipitaciones, sino por la concentración de las lluvias en la segunda mitad del invierno y principios de la primavera. Según los datos proporcionados por la Estación Biológica de Doñana – CSIC, marzo de 2025 fue el mes más lluvioso desde la década de 1970, con 287,8 mm de precipitación acumulada. Estas lluvias han tenido un efecto notable en la marisma, que pasó de una inundación mínima del 7,9% a finales de diciembre a un 97,4% el 19 de marzo. Este último nivel de inundación no se alcanzaba desde 2010, lo que marca la magnitud del evento actual.
El ciclo hidrológico comenzó en septiembre de 2024 con un periodo seco que se prolongó hasta diciembre, pero fue en enero de 2025 cuando comenzaron a llegar las primeras lluvias significativas. El 21 de enero se registró un pico de precipitación diaria de 40,5 mm, lo que permitió una recuperación notable de la marisma. A finales de enero, el sistema ya mostraba un 67,8% de su superficie inundada. En marzo, con las lluvias continuas y moderadas, la marisma alcanzó su máximo nivel de inundación, con 33.000 hectáreas inundadas, un 97,4% de su capacidad. Sin embargo, la recuperación ha sido más lenta de lo habitual debido a varios factores, entre ellos el alto nivel del río Guadalquivir y el incremento de las mareas vivas en primavera.
El impacto de esta prolongada inundación ha sido positivo para los ecosistemas acuáticos, como el de las aves acuáticas, cuya reproducción se espera que se vea favorecida. Sin embargo, también hay consecuencias negativas, como la proliferación de especies invasoras y cianobacterias, cuyo seguimiento está siendo intensificado por las autoridades ambientales. Además, la situación de las lagunas temporales de Doñana, hábitats de gran valor ecológico y catalogados como de conservación prioritaria, sigue siendo preocupante.
Las lagunas temporales dependen en gran medida del acuífero subterráneo, que se ha visto gravemente afectado por la sobreexplotación en los últimos años. Esta situación ha provocado un descenso drástico del nivel freático, lo que ha resultado en la desaparición de muchas lagunas que existían hace poco tiempo. Durante el ciclo actual, el número de lagunas inundadas alcanzó su pico en marzo, con 220 lagunas en total. Sin embargo, a finales de mayo este número había caído a alrededor de 150, y en junio solo se mantenían inundadas 54. Se espera que muchas de estas lagunas se sequen debido al aumento de las temperaturas en el verano, lo que pone en peligro la biodiversidad que habita en ellas.
En cuanto a las lagunas más grandes del parque, como la de Santa Olalla, que es la mayor del espacio natural, la situación sigue siendo alarmante. Esta laguna ha llegado a secarse durante tres ciclos consecutivos, un hecho sin precedentes que refleja la gravedad del deterioro del sistema hídrico de Doñana. A pesar de algunos intentos de recuperación, la vegetación terrestre ha comenzado a ocupar los límites de la laguna, lo que apunta a su posible desaparición. La capacidad de la laguna de Santa Olalla para mantenerse inundada durante el verano dependerá de las condiciones meteorológicas y del estado del acuífero, factores que siguen siendo monitoreados por los expertos.
El ciclo hidrológico actual, aunque ha sido un alivio para la marisma, pone en evidencia la fragilidad de otros ecosistemas dentro del parque. La falta de conexión entre algunas de las lagunas, a pesar de las inundaciones, refleja la recuperación aún limitada de estas áreas. La sobreexplotación del acuífero y las sequías prolongadas en los últimos años siguen siendo las principales amenazas para las lagunas temporales, lo que requiere de una gestión activa y medidas sostenibles a largo plazo para garantizar la conservación de este importante ecosistema.
En conclusión, las abundantes lluvias registradas durante este ciclo han revitalizado la marisma de Doñana, favoreciendo la regeneración de la vegetación y la reproducción de aves acuáticas. Sin embargo, la persistencia de las inundaciones ha generado algunos problemas ecológicos, como la proliferación de especies invasoras y cianobacterias, cuyo impacto deberá ser vigilado cuidadosamente. Por otro lado, la situación de las lagunas temporales sigue siendo grave debido a la sobreexplotación del acuífero, lo que subraya la necesidad urgente de implementar medidas para garantizar la conservación a largo plazo de estos ecosistemas clave en el Parque Nacional de Doñana.
Foto: J. Manuel Vidal Cordero
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