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Un equipo internacional de investigadores, con participación de la Universidad de Cádiz, ha logrado recuperar ADN humano antiguo de paredes de cuevas con arte rupestre paleolítico, un avance que abre nuevas posibilidades para conocer quiénes ocuparon estos espacios prehistóricos y cuál fue su relación con las manifestaciones gráficas conservadas en ellos.

El estudio, publicado en la revista Nature Communications, demuestra que las paredes de las cuevas pueden conservar restos biológicos durante miles de años, incluso cuando no existen huesos, sedimentos arqueológicos o herramientas asociadas. Este hallazgo supone un avance para la investigación arqueogenética al permitir obtener información genética directamente de superficies vinculadas al arte rupestre o de zonas próximas.

La participación de la Universidad de Cádiz se desarrolla a través del grupo de investigación HUM-1130: Sociedades cazadoras-recolectoras paleolíticas explotadoras de recursos marinos en la región geohistórica del Estrecho de Gibraltar. Tecnología y manifestaciones gráficas. Por parte de la institución participan el catedrático de Prehistoria José Ramos y los investigadores Hipólito Collado, Diego Fernández, Pedro Cantalejo, Luis-Efrén Fernández, María del Mar Espejo y Hugo Mira, además del doctorando Alejandro Muñoz.

La investigación se enmarca en el proyecto internacional First Art, dirigido por Hipólito Collado, y ha contado con la colaboración de instituciones de España, Portugal, Reino Unido, China y Alemania, entre ellas el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva. El proyecto nació con el objetivo de avanzar en la datación del arte rupestre más antiguo y en el estudio de su composición química, aunque posteriormente amplió sus investigaciones al análisis de ADN antiguo.

El equipo analizó muestras procedentes de 24 paneles de arte rupestre distribuidos en once cuevas de España y Portugal. Para ello se estudiaron fragmentos pigmentados y no pigmentados de paredes de cuevas, sedimentos, huesos y una antigua herramienta de aerografía utilizada para aplicar pintura.

Los resultados permitieron identificar ADN mitocondrial humano antiguo en varias muestras, entre ellas una costra de calcita pigmentada de la cueva de Escoural, en Portugal, y muestras no pigmentadas de las paredes de Escoural y de la cueva de Covarón, en el norte de España.

El estudio destaca que algunas de estas muestras no contenían ADN de fauna, lo que refuerza la hipótesis de que el material genético pudo depositarse mediante contacto directo de personas con las paredes, a través de saliva u otros fluidos corporales. En otros casos, la presencia conjunta de ADN humano y animal apunta a procesos indirectos relacionados con el desplazamiento de sedimentos o del agua en el interior de las cavidades.

La investigación también concluye que parte del ADN recuperado pertenece a humanos modernos relacionados con grupos de cazadores-recolectores occidentales, en consonancia con otros estudios genéticos realizados sobre poblaciones antiguas de la península ibérica. Además, algunas muestras permiten aproximarse al sexo biológico de las personas que dejaron esos rastros, lo que abre nuevas líneas de investigación sobre quiénes participaron en la creación, utilización o visita de estos espacios.

Estos resultados se apoyan en una trayectoria consolidada de investigación desarrollada por la Universidad de Cádiz sobre el arte rupestre paleolítico del sur peninsular. En el marco del proyecto First Art, el equipo ha trabajado en cavidades como la Cueva de Nerja, la Cueva del Higuerón, la Cueva de la Victoria y la Cueva del Toro, aplicando técnicas de datación mediante carbono 14 y uranio-torio para determinar la antigüedad de manifestaciones gráficas y contextos arqueológicos.

Esta línea da continuidad a investigaciones anteriores realizadas en la Cueva de Ardales, cuyos resultados fueron publicados en Science y atribuyeron a determinados motivos pintados una antigüedad superior a 64.000 años. Desde entonces, el equipo de la UCA ha ampliado sus trabajos en cuevas del sur de la península ibérica combinando excavaciones arqueológicas, análisis del arte rupestre, dataciones y técnicas de muestreo molecular.

Tras la publicación del estudio en Nature Communications, el grupo de la Universidad de Cádiz desarrolló durante junio de 2026 una nueva campaña de muestreos en las cuevas del Higuerón y de la Victoria con el objetivo de obtener nuevas dataciones y ampliar los estudios de ADN antiguo en colaboración con investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig.

El hallazgo abre nuevas posibilidades para estudiar la identidad genética de las personas que ocuparon estas cuevas, su relación con las manifestaciones rupestres, la posible participación de mujeres y hombres en estas prácticas, los sistemas de iluminación utilizados para acceder a zonas profundas y el uso simbólico y técnico de estos espacios.

 


 

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