No siempre es fácil encontrar un comienzo para una historia. Mucho menos cuando esa historia reúne una persecución de coches, un cuerpo colgando inerte de una M-30, los límites a los que puede llegar alguien por amor y el regreso de aquello que dejamos atrás en el peor momento. Son algunos de los ingredientes que aparecen en El amo, la nueva novela de Santiago Díaz, uno de los grandes nombres de la novela negra española, que ha pasado por Puerto Real con motivo de la Feria del Libro.
Díaz continúa desarrollando el universo de Jotadé, un personaje que ya apareció en la trilogía Indira y que ahora adquiere un mayor protagonismo. Un detective diferente a los perfiles clásicos de la novela negra: es policía, es gitano y, sobre todo, es un hombre que parece condenado a equivocarse una y otra vez. Junto a Santiago Díaz ha estado Nuria Sánchez, doctora por la Universidad de Sevilla y defensora de la novela negra, encargada de acompañar al escritor durante esta presentación.
P: Santiago, Jotadé sorprende desde el primer momento. Es un policía gitano, pero cuando el lector profundiza descubre que detrás de esa característica hay un personaje con muchísimas aristas. ¿Quién es realmente Jotadé?
R: Antes de nada hay que decir que Jotadé es un policía gitano, que es lo que llama la atención de primeras. Parece que con eso ya está todo dicho, pero, como bien has comentado, cuando profundizas te das cuenta de que es un personaje con muchos matices y muchas aristas. Es alguien que no encuentra su lugar en el mundo. En la comisaría nadie se fía de él precisamente porque es gitano, pero en su comunidad tampoco, porque es policía. Eso hace que sea alguien inadaptado, que no cumple las normas, que todo el mundo mira un poquito atravesado. Y creo que eso le da mucha profundidad como personaje.
P: Es decir, estamos muy lejos del detective clásico al que estamos acostumbrados en la novela negra.
R: Sí. Jotadé es alguien que no cumple las normas, es irreverente y lo hace todo mal. Para mí, la definición de Jotadé es precisamente esa: alguien que lo hace absolutamente todo mal, y además de la manera equivocada. Es un bocachancla, mete la pata siempre, pero lo hace desde el buen corazón. Y eso es lo que provoca que sintamos empatía por él, que nos caiga bien a pesar de que nos cabreemos constantemente con él y pensemos: “¿Dónde te estás metiendo, Jotadé?”. Creo que eso es lo que le diferencia de otros detectives. Hay personajes a los que les salen bien las cosas y otros a los que les salen mal, pero Jotadé está predestinado a que todo le salga mal.
P: Y esa condición de policía gitano hace que la comunidad gitana tenga un peso importante en la historia. ¿Cómo ha sido entrar en una realidad que quizá para muchos lectores sigue siendo desconocida?
R: Yo hace unos años, porque soy guionista de televisión también, recibí el encargo de escribir una serie sobre La Paca, que era una matriarca gitana de un clan de la droga que operaba en Palma de Mallorca. Investigando empecé a descubrir un montón de cosas del mundo gitano que desconocíamos, a pesar de que en las grandes ciudades somos comunidades que vivimos juntas, tenemos los mismos problemas y convivimos constantemente. Pero somos muy desconocidos porque no solemos mezclarnos.
Hubo muchas cosas que me llamaron la atención. Entonces, aquí he querido retratar las cosas buenas y las cosas malas. Las malas, como muchas cosas que están intentando corregir los más jóvenes, porque siguen existiendo contradicciones bastante cuestionables. El machismo, por ejemplo, está muy presente todavía en la sociedad. Pero después tienen cosas muy buenas: esa unidad familiar, ese querer tanto a los suyos, ese hecho de que cada vez que le pasa algo a uno va toda la familia a apoyarle. Todo eso me encantaba. El respeto por los mayores… Entonces, lo que quise fue ser lo más objetivo posible y decir: «Voy a contar la historia de un policía gitano y voy a entrar en la comunidad gitana».
P: Nuria Sánchez Gey, es usted una defensora de la novela negra. ¿Qué tiene este género para seguir atrayendo a tantos lectores?
R: A mí realmente me encanta leer. Y creo que cualquier libro que acerque a mucha gente a la lectura, a mí ya me encanta. El nombre de Santiago es una garantía de que el libro nos va a enganchar desde el principio, nos va a hacer plantearnos cosas y nos va a hacer entrar en dilemas morales, que a mí me parece muy importante.
No es solo que te entretenga, sino también que te haga plantearte: “¿Yo qué haría ante esta situación?”. Creo que es una de las cosas más importantes de los libros de Santiago. A mí, siempre que un libro consiga que mucha gente quiera leer, ya me tiene en su club.
P: Y en el caso de Jotadé hay algo que quizá explique también esa conexión con el lector: no es perfecto. Se equivoca constantemente.
R: Exacto. Creo que no nos gusta la gente perfecta. Cada día menos. Nos gusta la gente que se equivoca, que mete la pata como nosotros en nuestra vida. Entonces nos sentimos muy reflejados y por eso queremos tanto a Jotadé. Incluso aunque meta la pata pensamos: “Es que a mí también me pasaría”.
P: Santiago, ¿esa imperfección es precisamente lo que hace que el lector empatice con él?
R: Sí. Muchas veces el ponernos en su lugar, conseguir que los lectores se pongan en el lugar de los personajes, es un reto. Aunque algo inicialmente te parezca mal, dices: “A ver, esto está mal. Pero yo, en el lugar de Jotadé, quizá actuaría de la misma manera”. Creo que esa complicidad con el personaje y con la historia es lo que hace que las historias funcionen.
P: Para quien todavía no haya leído El amo, segunda entrega de esta trilogía que tendrá Jotadé, ¿qué te gustaría conseguir con esta novela?
R: Mi objetivo principal, tanto con El amo como con Jotadé, que es la primera parte de esta saga, como con las novelas anteriores, es que la gente se entretenga. No quiero decir que no tenga ninguna aspiración literaria, porque todos la tenemos, en el sentido de que queremos escribir cada vez mejor. Pero mi objetivo fundamental sigue siendo ese: que la gente se acueste para leer quince minutos y se tire dos horas, y que se acuerde al día siguiente de mí por lo poco que ha dormido. Y que realmente, a la hora de cerrar la novela, pueda decir: “Oye, pues me lo he pasado bien, pero también lo he pasado mal. He sufrido, he llorado, me he reído, me he cabreado con el escritor, con el personaje, con quien sea… pero me ha hecho sentir cosas”. Creo que eso es lo que hace que una novela permanezca en el recuerdo y que la gente después hable de ella.
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