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En una ciudad tan pequeña como Cádiz cualquier acontecimiento,aunque no forme parte de nuestras priorizaciones,lo hacemos nuestro.La prematura muerte del carnavalero Juan Carlos Aragón ha entristecido todos los rincones de la tacita. Esta tristeza ha superado rio Arillo. Grupos de jóvenes se han reunido en muchas ciudades, Jerez, Sanlucar, Barbate, Huelva, Sevilla, Córdoba, Málaga, Granada, Madrid... y todos todos han cantado el mítico Credo de Los Peregrinos. Es curioso, Credo, la religiosidad laica hecha oración. Los jóvenes se han visto reflejado en los textos de Juan Carlos haciéndolo suyo, convirtiéndose el heterodoxo del carnaval en un referente de esas nuevas generaciones.

Reflexionando sobre ese rosario de ciudades que han entonado el, "Creo en el espíritu libre y santo ,en la iglesia de los compases celestiales, en la comunión de la gente cantando" como dejó escrito el poeta, se me viene a la memoria que hace muchos años el superior general de los jesuitas de Egipto pidió al papa Benedicto XVI un cambio en las distintas liturgias de la Iglesia para hacerlas más atractivas a la juventud. Si observamos la escasa asistencia a los distintos oficios religiosos de la gente jóven seria conveniente que los que pueden cambiar esas maneras de relacionarse con lo trascendente copiasen de la capacidad que tuvo el simpar chirigotero para atraerse a los chicos.

Marcelino Porquicho

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