Adiós al Carnaval de Cádiz 2018

Con la quema de la Bruja Piti ayer frente a la balconada de la Playa de La Caleta se puso fin a un Carnaval de Cádiz 2018 que pasará a la historia con más pena que gloria. No es para menos. Este año la fiesta de la libertad ha sido un tostón raro, donde la censura y la autocensura se ha llegado a imponer al humor del que siempre ha hecho gala la ciudad de Cádiz y su Carnaval cuando la fiesta gaditana era, quizá, menos popular.

Este año 2018 el Carnaval de Cádiz ha llegado hasta Bélgica para molestar al entorno independentista del prófugo Carles Puigdemont, se instaló en el despacho de los abogados de 'Andreíta' Janeiro, muy molesta ella con los de 'Una corrida en tu cara', continuó con las acusaciones de racista a Vera Luque y su agrupación (¿de verdad, Vera Luque racista?) y prosiguió en el Gran Teatro Falla con el público -foráneo y de casa- increpando al jurado por tomar ciertas decisiones que no gustaron, sobre todo con la chirigota del Bizcocho, que se quedó a las puertas de las semifinales del concurso.

Los 'amargados' del Carnaval no pararon ahí. Como no pudieron cargarse el Carnaval, buscaron a la que consideraban que pudiera ser la víctima más débil, y ¿dónde centraron su diana? en la concejala de fiestas, María Romay. Daba igual las decisiones que hubiera podido tomar, los fallos o los aciertos que Romay hubiera podido tener en su concejalía. El pecado de la joven edil no fue otro que disfrazarse con un tipo, el de la Diosa Gades, que mejor no podía representar Cádiz, y que luciéndolo ella lo convirtió en toda una obra de arte. Y no hacía falta más. Pero había que echarle más leña al fuego a esta historia y esta la puso Faly Pastrana con su hiriente artículo, el que probablemente lo hará pasar por tribunales para que rinda cuentas ante la justicia y la propia Romay.

Y si ya una vez acabado el Concurso la gente se pensó que en la calle se morirían las penas, llegaron los cubos de aguas a las agrupaciones callejeras o la agresión anónima a una autora de romancero tan sólo por titularse 'Un par de hostias bien dá'. Una lástima todo.

El Carnaval de Cádiz está muy vivo, pero lo están quemando. Por intereses o por desintereses, pero este 2018 no ha estado a la altura de su historia, y la culpa en este caso no creo que la tengan los políticos, precisamente.

Con todo lo que ha sucedido este año, queda mucho por hacer, pero también mucho de lo que aprender. El Carnaval 2018 dice 'hasta luego', pero el Carnaval de los 'amargados' debe haber puesto ya su punto y final desde el mismo momento que la Bruja Piti se convertía anoche en cenizas.

Jesús Manuel López Capell

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