La rapidez con la que se han sucedido las decisiones institucionales y el debate público sobre Juan Carlos Aragón tras conocerse la sentencia condenatoria por malos tratos contra el autor gaditano ha motivado una extensa reflexión pública de Francisco Javier Bohórquez Gutiérrez, histórico director de numerosas agrupaciones del comparsista, quien cuestiona la velocidad con la que, a su juicio, se está produciendo el rechazo hacia una de las figuras más influyentes del Carnaval de Cádiz.
Bohórquez difundió un comunicado bajo el título 'La velocidad del castigo', en el que asegura que hay una cuestión que lleva días rondándole la cabeza. "No la existencia de un debate sobre Juan Carlos Aragón. Ese debate puede existir y cada persona tendrá su opinión. Lo que me ha dejado helado ha sido la velocidad. La velocidad con la que una ciudad decide destruir públicamente a uno de sus autores más importantes".
En su escrito enumera las consecuencias que, según expone, se produjeron en apenas unos días tras estallar la polémica. "En menos de 48 horas vimos: suspensión de homenajes, retirada de honores, eliminación de reconocimientos, petición para quitar el nombre de un colegio, y una exposición pública feroz contra alguien que lleva siete años fallecido y que ya no puede defenderse. 48 horas".
El histórico director asegura que, conforme avanzan los días, le resulta más difícil pensar que detrás de lo ocurrido exista únicamente una búsqueda de memoria, reflexión o justicia. "Porque Cádiz conoce perfectamente quién fue Juan Carlos Aragón. Lo conocía cuando estaba vivo y lo siguió conociendo cuando murió".
A continuación realiza una valoración sobre la relación que mantuvo el autor con distintos sectores de la ciudad durante su vida. "Cuando Juan Carlos vivía era incómodo. Era libre. Era crítico. Le cantaba a todos. No pertenecía a nadie. Y muchos de los que hoy hablan entonces mantenían distancia con él".
Según expone Bohórquez, la situación cambió tras el fallecimiento del comparsista. "Pero cuando murió y Cádiz —y buena parte de Andalucía— lo convirtió en símbolo popular, entonces sí aparecieron todos. Homenajes. Reconocimientos. Medallas. Documentales. Colegios. Actos institucionales. Discursos emocionados. Políticos de todos los colores queriendo colocarse cerca del mito".
El director de agrupaciones sostiene que Aragón pasó entonces "de ser incómodo a convertirse en patrimonio sentimental de un pueblo entero" y vincula la situación actual con el contexto político existente en la ciudad. En ese sentido afirma que "ahora, precisamente en un momento donde el clima político en Cádiz vuelve a tensarse y determinadas siglas empiezan a crecer con fuerza electoral, resulta imposible no percibir que la figura de Juan Carlos Aragón se ha convertido también en terreno de batalla política".
Esa circunstancia es, para Bohórquez, uno de los aspectos más preocupantes de todo lo ocurrido. "Y eso es lo verdaderamente triste. Que un hombre muerto termine siendo utilizado como arma arrojadiza en mitad de una pelea por el poder".
En otro de los pasajes centrales del comunicado sostiene que los hechos conocidos actualmente no son nuevos. "Porque los hechos no han cambiado. La sentencia existía entonces también. La conocían quienes hoy se escandalizan. Muchos de los que hoy piden retirar honores participaron antes en homenajes, reconocimientos y decisiones institucionales relacionadas con su figura. Lo único que parece haber cambiado es la utilidad política de todo esto".
A partir de ahí, Bohórquez muestra su malestar por lo que considera una ausencia de reflexión colectiva antes de adoptar determinadas decisiones. "Porque no estamos viendo un debate sereno ni profundo sobre memoria, ética o ejemplaridad pública. Estamos viendo prisas. Estamos viendo oportunismo. Estamos viendo cómo en apenas dos días se decide borrar décadas de cultura popular, de carnaval, de pensamiento crítico y de historia gaditana sin el menor matiz ni la menor reflexión colectiva".
El comunicado también establece una comparación con otros debates patrimoniales e históricos presentes en la ciudad. Según señala, "esta ciudad sigue conviviendo desde hace décadas con nombres, símbolos y memorias muchísimo más incómodas sin que jamás exista esta urgencia institucional".
Entre los ejemplos que menciona figura el nombre del puente José León de Carranza. "Calles dedicadas a figuras vinculadas directamente al franquismo. Símbolos heredados de cuarenta años de dictadura. El propio puente José León de Carranza manteniendo todavía el nombre de quien fue alcalde franquista de Cádiz. Y tantos otros debates históricos que llevan años entre informes, comisiones, trámites y discusiones eternas".
Frente a esos procesos, considera que el tratamiento recibido por la figura de Aragón ha sido muy diferente. "Ahí todo se estudia despacio. Todo se debate durante años. Todo requiere calma, prudencia y tiempo. Pero para borrar a Juan Carlos Aragón hicieron falta menos de 48 horas. Y eso inevitablemente hace preguntarse: ¿qué mueve realmente esta rapidez?".
Bohórquez aclara expresamente que su reflexión no pretende cuestionar la existencia de la sentencia. "Yo no escribo esto para negar hechos ni sentencias. La condena existió y Juan Carlos cumplió íntegramente con la Justicia".
Sin embargo, añade que rechaza que toda una trayectoria quede reducida únicamente a ese episodio. "Lo escribo porque me niego a aceptar que una ciudad reduzca para siempre a una persona únicamente a su peor episodio. Y sobre todo me niego a aceptar que la memoria de alguien termine utilizándose como instrumento de confrontación política".
El histórico director fundamenta además su postura en la relación personal y profesional que mantuvo con Aragón durante años. "Conocí a Juan Carlos de verdad. Compartí media vida con él. Dirigí muchas agrupaciones a su lado. Y precisamente por haber conocido al ser humano completo me rebelo ante la simplificación brutal que estoy viendo estos días".
El comunicado concluye con una reflexión sobre las consecuencias que, a su juicio, puede tener este tipo de procesos en la sociedad. "Porque cuando una sociedad deja de creer en la complejidad humana y solo entiende el castigo permanente, la justicia deja paso al señalamiento. Y cuando la política empieza a decidir quién merece memoria y quién merece ser borrado según el momento y la conveniencia, el problema ya no es solo Juan Carlos Aragón. El problema somos todos".
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