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“He cometido el peor pecado que se puede cometer.  ¡¡ NO HE SIDO FELIZ !! (J. LUIS BORGES).

Como todos los temas trascendentes, éste también está contemplado en la antigüedad. En la Mitología aparece descrita en LA METAMORFOSIS DE APULEYO ( s.II DC). Eros o Cupido hijo de Afrodita (Venus) dios del amor, hermoso joven al que se le consagró la rosa, representado con alas de oro, armado con arco y aljaba cargada de flechas con las que siempre  acertaba; se enamoró de Psique, bellísima joven, hija de un rey asiático que viene a representar al alma humana alegrada o atormentada por el amor. Venus celosa de su hermosura la persiguió, pero no pudo con el inmenso amor que le prodigaba su hijo y de esa unión nació la única hija LA FELICIDAD. El gran escultor Antonio Cánova, inmortalizó su amor en una magistral escultura titulada “Psique reanimada por el beso del amor” ( s. XVIII) expuesta en El Museo del Louvre de París, consiguiendo con ello dejar constancia de la felicidad a través de su mutuo amor para  los siglos venideros.

Con frecuencia olvidamos los dos conceptos más importantes de nuestra existencia: vivir la vida y sobretodo hacerlo lleno de felicidad, en las proporciones que se nos permite. Ya Platón 350 años antes de Jesucristo dijo que la felicidad plena no existe, sólo se podría dar bajo tres premisas: “ser imbécil, ser egoísta y gozar de buena salud” y añadía …”pero la primera es absolutamente imprescindible”.

No falta quien adquiere la costumbre de ser infeliz, ayudado por un mundo agresivo, con una conciencia de indiferencia hacia los demás olvidando los sentimientos, palabra que deriva de los sentidos pero que no utilizamos adecuadamente, inmersos en una vorágine insaciable de alcanzar objetivos que nos crea ansiedad, estrés , cuando no depresión y daño orgánico. Hemos perdido el encuentro en el territorio emocional de los afectos. Oímos pero no escuchamos, nos saludamos, no nos abrazamos, comemos pero engullimos siempre en la prisa, no buscamos nuestro viaje interior para conocernos a nosotros mismos y así hacerlo con los demás.

El poeta Antonio Espina del siglo pasado lo describe magistralmente “Raro misterio insoluble, último fin del saber, la luz no sabe que luce, el agua no tiene sed y en el fondo del espíritu, nuestro ser ignora al ser”. Entretenidos en el ayer y angustiados por el futuro, no vivimos el presente real y perdemos nuestra ansiada felicidad, que consiste en el equilibrio entre el  cuerpo y el espíritu cuando coexisten en armonía. Para ello es fundamental la disposición anímica a ser feliz instalados en la humildad y sacando al exterior esa felicidad que duerme en nuestro interior y tiene un material tan frágil que si no se cuida diariamente se pierde. Amar y ser feliz es muy difícil, si se consigue es la vida lograda, deberíamos :“ENCERRARNOS CON ELLA Y TIRAR LA LLAVE”.

Dr. Fernando Arévalo Rosado
Médico de Atención Primaria
N°colegiado 111108133

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