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Así definen algunos dermatólogos a la dermatitis atópica por la alta prevalencia de que estos niños, aproximadamente un tercio de ellos, desarrollen asma en el futuro.

La piel es el mayor órgano del cuerpo humano y su espesor varía de los párpados al talón del pie. Presenta tres funciones fundamentales: 1) Transmitir información entre el exterior y el interior de nuestro cuerpo por sus terminaciones nerviosas que recogen estímulos táctiles (tacto), térmicos (temperatura) y dolorosos. 2) Intercambio con regulación de la temperatura corporal, eliminación de sustancias nocivas para nuestro organismo y facilitar la producción de vitamina D. 3) Protección con un manto lipídico-ácido que impide la pérdida de agua,  agresiones externas así como, una función de barrera protectora.

En los pacientes con dermatitis atópica se producen cambios en esta barrera natural que favorecen la pérdida de agua y la deshidratación. Como consecuencia aparecen fisuras microscópicas que permiten la entrada de agentes externos (antígenos y alergenos) con la consiguiente inflamación e irritación cutánea.

La dermatitis atópica se caracteriza por picor intenso, con lesiones de rascado que evolucionan a su cronicidad. Es uno de los trastornos cutáneos más comunes en los niños pequeños, afectando al 10-20% de los niños y al 1-3% de los adultos. La edad de comienzo de la dermatitis atópica es, en el 60% de los niños afectados, durante el primer año y, en el 85%, durante los primeros cinco años de vida. Además, entre el 65% y el 90% de los pacientes que sufren dermatitis atópica, ésta es de intensidad leve, y sólo entre el 1 y el 2% de los pacientes la sufren con una intensidad severa. La incidencia va en aumento con incremento del doble o el triple de los casos con respecto a hace 30 años.

Evoluciona por brotes y aunque tiende a desaparecer antes de llegar a la adolescencia, puede persistir toda la vida del individuo. El síntoma principal es el prurito (picor) que puede ser lo suficientemente severo como para impedir el descanso nocturno. Las lesiones típicas de la dermatitis atópica son: Piel seca con descamación, vesículas con eritema (enrojecimiento) y exudación que pueden evolucionar hacia la aparición de lesiones secundarias como fisuras, lesiones de rascado y engrosamiento de la piel.

Las localizaciones más comunes son: cara, cuello, muñecas, ingles, rodillas, codos y tobillos . En lactantes, aparecen las lesiones hacia los 5 meses de vida. La localización más habitual es la cara, respetando las zonas de alrededor de los ojos, la nariz y la boca. Las lesiones suelen ser pápulas (manchas rojas) inflamadas, muchas veces con erosiones, exudación y costras. El picor es un síntoma constante. El riesgo de aparición de asma es mayor en esta fase. En la edad infantil, de los 2 a los 12 años, es más fácil ver vesículas (pompitas) pudiendo ocurrir una remisión espontánea en algunos casos. Son lesiones que provocan mucho picor y afecta a zonas de flexión, en especial a los codos y las rodillas, y en la zona de alrededor de la boca y los ojos. En cuanto a los adultos, las lesiones son eczematosas,  con picor intenso y con los efectos del rascado. La distribución es en la nuca, el dorso de las manos y los pies, la cara de flexión de las muñecas y las zonas de extensión de las piernas.

La dermatitis atópica, al igual que el asma, son hereditarias.. Estos pacientes tienden a tener una sequedad excesiva en la piel y una pérdida de las funciones protectoras del manto ácido. Los factores ambientales que desencadenan eczema  incluyen: jabones, detergentes y algunos tipos de alimentos, como la leche de vaca, huevos, cacahuetes, nueces, trigo, soja y pescado.

Para el tratamiento eficaz de la dermatitis atópica de leve a moderada, se usan cremas y lociones que disminuyen el picor, inflamación y sequedad de la piel y ayudan a suavizar, hidratar y proteger la piel y refuerzan su resistencia frente a los factores desencadenantes de la dermatitis atópica. En casos más graves existen gran variedad de cremas y lociones con corticoides en el mercado que deben ser usados con moderación y siempre bajo prescripción médica. 

En los niños con dermatitis atópica y los alérgicos en general, he observado que el calor es picor y el sudor es picor, por eso es conveniente no abrigarlos excesivamente, usar ropa clara y tener cuidado con el ejercicio físico intenso que puede ocasionar brotes de picor y enrojecimiento de la piel. Otro dato curioso es que los atópicos suelen ser pacientes que usan en el baño o en la ducha, agua más caliente de lo normal.

Recuerdo que como alumno interno de dermatología en la Universidad de Cádiz, mi profesor el Dr Calap, aconsejaba a las madres de los bebés atópicos alternar los baños de jabón suave con algunos solo con agua clara, por la lógica que debido al contenido en detergente de los jabones aumentan la sequedad de la piel y disminuyen ese manto lipídico (graso) que antes he descrito. Ojo no estoy con ello favoreciendo la falta de higiene. Como todo en la vida en la moderación y en el sentido común está la virtud.

 

Dr. Fernando Arévalo Rosado
Médico de Atención Primaria
N°colegiado 111108133

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